
Pero no.
Annie tiene un don. Sus fotografías, de las que el documental se servía continuamente, intercalándolas con entrevistas y tomas sobre un reportaje fotográfico que Annie realizaba en la actualidad, eran auténticas joyas. Sobre todo las imágenes de su primera época en Rolling Stone, en las cuales sabía captar la esencia de un montón de estrellas del rock que aparecían desnudos de alma delante de su objetivo. ¿Su secreto? Decían que era pasar desapercibida y estar todo el día tomando fotografías, hasta que los sujetos de sus fotos olvidaban que ella estaba allí.
Pero lo que más caló en mí de todo el reportaje era las pistas que nos daba de su relación con Susan Sontag. Susan siempre empujó a Annie a que su trabajo tomase un rumbo, digamos, menos frívolo. Y, viendo las imágenes de Annie y escuchando las palabras que los que las conocieron a ellas dos juntas les dedicaban, supe porqué. Susan, sin duda, entendió que Annie tenía este don. Y saber de la naturaleza de su relación, con Susan impeliendo a Annie a ser mejor, a encontrar su camino, daba al reportaje y a la figura de Annie otra dimensión, y te ayudaba a ver sus obras con otros ojos.
La he dibujado a ella, a Annie, la que siempre se encuentra detrás del objetivo. Ella, quien decía que después de tantos años tomando fotografías, sentía a veces que no había vivido realmente, pues tan sólo había retratado las vidas de los demás.
6 comments:
Ay Marta, que alegría volver a ver que escribes y que dibujas. Te perdí la pista.. el año pasado no fue muy bueno y estuve despistada muchos meses.. ahora te reencuentro...
Me ha gustado mucho tu post. Conozco a la fotógrafa (la fotografía es otro de mis hobbies) y es cierto que algunas personas ven a través de una cámara lo que a otros pasa desapercibidos, o sencillamente sin importancia. Me alegro que la descubrieras un poco más a pesar de que el documental no fuera tan "apetitoso" como parecía.
un beso grande
También a mí me gustan sus fotografías y me conmueve la relación entre estas dos mujeres ( cómo el amor de verdad quiere más vida para el amado, una vida más plena). Confieso que igual que tú he tenido un prejuicio -y tengo- contra los niños bien de la cultura neoyorkina (demasiado dinero dispuesto a comprar sus obras los convierte en dioses más allá del bien y el mal), pero eso es el sistema y ellos están en la capital del Imperio: bastante tiene si conservan la cabeza fría, el juicio crítico y la humanidad generosa (creo que este es el caso, lucha contra la enfermedad incluída). Gracias por tu visita y un saludo.
Lo propio del fotôgrafo es ser olvidado, es algo que ella comprendiô râpidamente. Muy diferente del pintor que trata de plasmarse en cada una de sus telas. El fotôgrafo trabaja para que los otros se recuerden a sî mismos o los otros les recuerden. O los observen de una forma nueva.
Lo borroso del dibujo, el pelo sobre su rostro quizâs evoque algo de todo esto.
Gracias por tu visita a tajalâpiz.
Amistades
Marta me alegro que hayas retomado el blog otra vez. Al igual que Annie tú también sabes encontrar el "ángel" a los personajes que eliges para tus dibujos; o quizá debería decir que es el "ángel" el que te encuentra a ti?
Sea como fuere, no tardes tanto en volver.
Bsos, Bárbara
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
También yo, como dice Violette, he estado despistada... he estado fuera, he estado trabajando... pero son excusas, y ya tenía ganas de retomar el blog. Y el trabajo de Annie Leibovitz realmente me inspiró, tanto como los retazos de su vida que el documental mostraba.
Y como Francisco, lo admito: los niños bien neoyorkinos no son santo de mi devoción. Pero no me averguenza dejar aquí una rectificación a tiempo :-)
Un beso a todos.
Me ha gustado mucho lo que dices de la fotógrafa, a la que yo tampoco conocía si no era superficialmente; incluso es posible que, de una manera inconsciente, precisamente por su dedicación a los famosos, la tuviera 'vetada', sin muchas ganas de meterme en su obra... Pero ya veo que siempre hay que buscar, buscar el don y, si existe, bravo, a disfrutar; y si no existe, sólo entonces tendremos razón.
Gracias, Marta, una vez más, y gracias también por volver.
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