Hacía varios días, demasiados, que no escribía. Razones no me faltaban, pero no son realmente una buena excusa cuando además se ha visitado recientemente el pequeño museo de Käthe Kollwitz en Berlín y se tienen tantas ansias de escribir sobre ello.Käthe Kollwitz es una estupenda artista bastante popular en su Alemania natal (nació en Königsberg, en la antigua Prusia, aunque si hubiese nacido allí en la actualidad sería ciudadana rusa), pero no demasiado conocida fuera de sus fronteras. Käthe se casó con un médico y se instalaron en Berlín, donde vivió más de 40 años hasta que, al final de la segunda guerra mundial, fue evacuada a Dresde. Su apartamento quedó totalmente destruido en bombarderos posteriores, perdiéndose centenares de dibujos y pertenencias de la artista. Pese a ello, dejó una obra extensa de legado, una obra que aborda como nadie la tristísima época que le tocó vivir. Los desastres de la guerra, el dolor de las madres que pierden a sus hijos, los niños desamparados o el hambre fueron constantes en su oscura e impactante producción.
Käthe perdió a su hijo menor, de 17 años, en las trincheras de Francia durante la primera guerra mundial. Y a su nieto en la segunda. No es de extrañar que durante toda su vida fuese una activista vehemente que denunció la absurdidad de la guerra, y que plasmó a través de incansables series de dibujos no sólo el dolor sufrido durante el conflicto bélico, sino la terrible depresión económica que Alemania sufrió después de su derrota en la primera guerra mundial. Viendo los dibujos de niños hambrientos que Käthe dibujó en la década de los 20 (“No dejéis que Alemania muera de hambre! – escribió en uno) pensé en el posterior ascenso de Hitler y los penosos acontecimientos que siguieron a esa década de crisis, de todos conocidos. Käthe murió unas semanas antes del fin de la guerra. Ni ella ni su marido pudieron ver el fin de esa abominación que se había llevado a su nieto y a millones de personas como él, como tantos otros antes.
En esta ocasión deliberadamente no he dibujado su rostro, porque quería incluir algún dibujo suyo y que su fuerza y su mensaje tomasen la palabra. Quizás algún día me decida a dibujar cómo yo veo a Käthe, una artista que dejó un buen número de autoretratos. Pero eso es otra historia. Hoy quiero hablar del mensaje que ella tanto se esforzó a transmitir; y por eso he elegido el dibujo de una madre buscando a sus seres queridos entre los cadáveres de una batalla. Una linterna en su mano ilumina la oscuridad que reina en esos campos de batalla desolados. ¿Es quizás ella la mujer retratada, buscando a su joven hijo muerto? No importa. Para mí, Käthe Kollwitz retrató como nadie la tragedia alemana del siglo XX, y a través de ella el dolor de la guerra.





